Feb
12
INTRO. Personaje polémico y revolucionario, Sigmund Freud es considerado el padre del psicoanálisis. Algunas teorías suyas ya han sido rebasadas. Sin embargo, afirma el autor de este texto, persiste su principal logro: volvió tangible la psique humana.
Fue un revolucionario. Si Copérnico nos despojó de la idea de ser el centro del universo; si Darwin sustituyó la creación divina por la evolución natural; si Marx puso el dedo en la llaga en cuanto a la desigualdad económica; si Einstein modificó nuestra visión de un universo inalterable por uno dinámico; Freud contradijo por su parte la noción de lo conciente como la única realidad de nuestras ideas y actos, para ahondar en el estudio de la psique y del inconciente.
Su gran logro científico consistió en entender las enfermedades mentales como independientes de las del cuerpo y en crear un método terapéutico que contribuyera, mediante el estudio y la interpretación de los sueños y los deseos, de la sexualidad profunda y de los traumas, a buscar en las profundidades del alma la explicación y cura de los padecimientos psicológicos.
Volvió tangible lo intangible: la psique humana.
Su madre desnuda
Sigmund Freud cumplió 150 años. Nació el 6 de mayo de 1856 en Freiberg (hoy parte de la República Checa). Como él mismo lo asentó: “el niño es el padre del hombre”, y su infancia marcó su vida adulta y su trabajo profesional. El complejo de Edipo, por ejemplo, se encuentra presente en las relaciones que establece con su padre y con su madre. Él, Jakob, le lleva veinte años de edad a ella, Amelia. Es un hombre que Sigmund ama y desprecia al mismo tiempo. Lo tacha de cobarde y pusilánime. Ella en cambio es bella, joven, emprendedora (una vez la vio desnuda, cosa que lo perturbó sexualmente durante muchos años), y además tiene a Sigmund como el favorito de entre sus hijos. Es una madre cariñosa y sobreprotectora. El propio Freud escribiría: “Un individuo que ha sido el preferido o favorecido por su madre, se muestra en la vida confiado y esa confianza adquiere tintes heroicos que no pocas veces conducen a alcanzar el éxito”.
Fue un niño brillante. No le gustaba la música pero desde los ocho años hablaba varios idiomas y era el mejor de su clase. Al paso del tiempo estudió medicina. Se interesó en el sistema nervioso. Sus primeros trabajos de investigación versan sobre las células espinales del cangrejo fluvial y la médula oblonga humana. Puso su consultorio. Incluso experimentó con la cocaína como método terapéutico. No le interesó, sin embargo, curar las enfermedades del cuerpo sino las del alma.
El caso Anna O
En 1885 conoce a Charcot, un médico francés especializado en la histeria.
Por aquel tiempo se consideraba a la histeria una enfermedad exclusiva de las mujeres (viene de hyster, que en latín significa útero, matriz). Freud reconoce que este padecimiento también afecta a los hombres y que su origen no es físico sino psicológico. Trata a sus pacientes mediante la electroterapia y la hipnosis, pero da un giro fundamental en la terapia al utilizar el método catártico descubierto por su amigo Joseph Brauer.
Brauer dejaba hablar a su paciente, en este caso Anna O (Bertha Pappenheim, su verdadero nombre), quien sufría de una neurosis acompañada de síntomas como estrabismo, hidrofobia y parálisis de extremidades. Lo que ella decía en trance hipnótico le servía para encontrar las causas psicológicas de sus males y encontrar la solución a sus problemas. Anna se enamoró de Brauer y éste, para evitar problemas, abandonó el tratamiento. Freud retomó la idea (“la limpieza de chimenea”, como llamaba Anna a este tipo de conversación con el médico) y la modificó. Primero usó el famoso diván, que le servía para que el paciente se sintiera cómodo, relajado, y después la llamada libre asociación, es decir el flujo de un monólogo donde el paciente hablaba sin interrupciones. Freud escuchaba atentamente y ponía atención lo mismo a las palabras clave que a las pausas, los silencios, los actos fallidos. Aprendió a desinhibir los recuerdos traumáticos para que el paciente los reconociera y fuera él mismo quien buscara solucionarlos.
En 1896 acuña por vez primera el nombre de Psicoanálisis para este método de inmersión en el alma humana.
Liberar la sexualidad
Uno de los grandes aportes de la teoría psicoanalítica es el de la sexualidad como una poderosa fuerza motora en nuestro inconciente. Si bien Freud descartó que las neurosis tuvieran su origen en los aparatos reproductivos (la histeria se trataba cortando el clítoris o aplicando compresas frías sobre los ovarios), reconoció que una cosa era lo genital y otra lo sexual. Esto último sí incidía sobre nuestro comportamiento. Descubrió que las conductas mentales anormales tenían probablemente su origen en un trauma de origen sexual. De ahí su teoría de la seducción, en donde una mala experiencia en la niñez (abuso, violación) es capaz de detonar malestares o desviaciones de tipo psicológico que se manifiestan a partir de la pubertad.
Estableció el nombre de libido (que significa deseo), para describir a la energía instintiva y sexual que llevamos desde nuestro nacimiento. Si la libido se vuelca hacia uno mismo se cae en el narcisismo. Distinguió también varias etapas que determinan una conducta sexual sana o “perversa”: la oral, la anal y la fálica, que a su vez corresponden a estadios de exploración, control y libertad o represión de nuestra sexualidad. Explicó el miedo a la castración y la envidia del pene. Desvinculó por completo lo sexual como placer de lo genital como procreación, lo que extendió y liberó la sexualidad humana de compromisos biológicos y religiosos, para ser un sano acto de gozo y disfrute.
Cocainómano y desleal
Mucho puede decirse de Sigmund Freud. Se puede criticar su conducta misógina y megalomaniaca. Con su esposa, por ejemplo, era un gran celoso. No le permitía salir a patinar, ver a sus amigas o encontrarse con su propia familia. Fue un cocainómano que no previó los niveles de adicción que causa este fármaco. Se mostró desleal con sus amigos (con Wilhelm Fliess, ante el que reconoce una atracción homosexual) y se distanció de sus discípulos (Jung, Adler). Él mismo fue un neurótico afectado por angustias y depresiones (temía, entre otras cosas, a la pobreza). Su concepto de la envidia del pene ha sido fuertemente cuestionado, en especial por el feminismo. Algunas de sus teorías han sido descartadas o rebasadas por Lacan, Jung, Fromm, entre otros.
Sin embargo, es de admirarse su tezón en pos de un conocimiento distinto y más profundo del ser humano. Él lo inicia todo en la revolución de la psique. Los surrealistas lo admiraron por redimensionar los alcances poéticos y artísticos. Se dedicó en cuerpo y alma al ejercicio de su profesión. Nunca dejó de investigar, analizar, escribir. Se adelantó a los antropólogos en el estudio de los tabúes y el totemismo. Se interesó en los mecanismos del chiste y en la interpretación de los sueños. Reestructuró la psique en el ello, el yo y el superyó. Es de los primeros en hablar de la angustia ante la muerte y se mostró particularmente crítico de los cambios sociales en El malestar de la cultura (1930). Sufrió de la persecución nazi. Ya para 1933 se habían quemado sus libros y en 1934 se había prohibido el ejercicio del psicoanálisis en Alemania.
Veinte puros diarios
Freud, que veía un simbolismo sexual en todos los objetos que sugerían recipientes (la vagina) u objetos alargados (el falo), fumaba mucho.
-Eh, profesor, ¿qué significa ese puro en su boca? –le preguntaron sus estudiantes.
-Nada. En ocasiones un puro es un puro –contestó.
Fumaba veinte puros diarios. De ahí, probablemente, el cáncer en la mandíbula que sufrió a partir de 1923 y que terminó por matarlo el 23 de septiembre de 1939.

