Esta parte del año me gusta porque es temporada de futbol americano. Yo jugué desde infantiles hasta Liga Mayor. Mi más reciente partido fue hace cuatro años, en un novatos-veteranos. Claro, jugué con los veteranos, casi con el equipo del insen: tengo 43. En esa ocasión completé varios pases, gané un buen número de yardas y resulté con un dedo fracturado. Disfruté del partido, aunque lo perdimos. Si me invitaran a jugar de nuevo, me pondría casco, hombreras, zapatos de tacos y saltaría con gusto a regar polilla por el emparrillado.
He sido guard, tackle, linebacker y fullback. No fui excepcional. Mi nombre no figura entre las estrellas. Me faltó ambición, talento, velocidad, no sé. Eso sí, siempre luché por formar parte de los jugadores titulares. Me llegaron a apodar El Rudo. Una ocasión anoté un touchdown con un pie fracturado (pensé que era un esguince). Tengo un hombro luxado y una costilla salida que muestro a mis mujeres como si se trataran de heridas de guerra. A ratos me dan mucha lata mis meniscos. Ya se sabe que las rodillas no fueron hechas para este deporte.
Cuando llegué a estar en la banca, mis padres gritaban desde la tribuna: “Justicia al 43”, para que me dejaran jugar. Tuve la fortuna de que mis padres siempre me alentaran y de que mis hermanos fueran compañeros de equipo. Ellos dos (Rolando y Flavio, así se llaman, juro que no son apodos) siempre fueron mejores que yo. A Rolando, incluso, le veían posibilidades de probarse en el futbol americano profesional, pero una lesión de rodillas truncó ese sueño.
Las dos ocasiones que me he vestido de mujer ha sido por el futbol americano. Anduve de falda, tacones, blusa escotada, peluca, maquillado, pidiendo dinero por la calle. Qué bueno que fui hombre, porque de mujer me hubiera quedado en la soltería. En otra ocasión desfilamos desnudos. Las más de las veces, al grito de “esos novatos, que enseñen las nalgotas”, teníamos que mostrarlas por las ventanas del camión camino al estadio. Mi novatada de Liga Mayor fue todo un rito de iniciación: golpeado, vejado, cansado, pero eufórico, como si hubiera matado mi primer tigre de Bengala.
Algún día escribiré sobre eso. Es una labor complicada: reconstruir el ambiente de la tribuna, el terreno de juego, los vestidores, las lastimaduras, los nombres de las jugadas, las personalidades de los jugadores, en una historia atractiva de leer. No conozco siquiera una buena novela gringa de futbol americano, como en cambio sí hay muchas de beisbol. Me gustaría escribir esa novela o un gran reportaje al estilo de George Plimpton, el periodista que participó en los entrenamientos y el primer partido de pretemporada de los Leones de Detroit. Su actuación como jugador fue desastrosa, pero escribió una obra maestra del nuevo periodismo: Paper Lion. Me gustaría hacer lo mismo. Con los 49’s o los Seahawks. Tal vez Día Siete se interese en cubrir los gastos, el seguro médico (y de vida). Estoy en estupenda forma física. Tendría que bajarle a la bohemia y a las tortas. Imagínense a todo México gritando: “¡Justicia al 43!”. Sería un excelente reportaje. Ya hasta tengo título: ¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?

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