“Dios, de existir, sería mujer”. Lo dijo el premio Nobel de Física Leon Lederman.
-¿Y como a quién se parecería? –le pregunté.
-A Sophia Loren.
Por supuesto, Dios –de existir- se manifiesta en todo. Una prueba de su existencia es el aroma de las flores, los copetes de las olas, el espectáculo del amanecer, la belleza de las mujeres, la sonrisa de los hijos, el mover de la cola del perro, el florecer de las jacarandas.
O en las guitarras cuando alegran. En la maravillosa invención de la luna. En el azar de los encuentros afortunados. En el susurro el viento y en la confección del sabor del mango y de las peras.
Dice Pablo Casals: “en la música, en una flor, en una hoja, en un acto de amabilidad… En todas esas cosas veo al que llaman Dios”.
Él se manifiesta en todo.
También en el estremecimiento de la tierra, en la furia de los volcanes, en el tsunami asesino, en lo implacable de los genocidas, en el tren que mutila a quien cae en sus vías, en la contaminación de los mares, en la pobreza extrema, en las madres filicidas, en los sacerdotes pederastas y en el hambre de muchos millones de humanos.
Hay quien puede afirmar: ése no es Dios sino el demonio. Dios es el aroma de la flor y el demonio las emanaciones de la cloaca.
Hay poesía en ese planteamiento.
Pero no dejo de preguntar:
Dónde está Dios cuando cae una bomba en un hospital o en una escuela, cuando asesinan a un niño secuestrado, cuando violan a una mujer, cuando una bala perdida encuentra su destino en el cráneo de un inocente, cuando un terremoto aniquila a las familias.
No lo sé.
La respuesta la tienen la perfecta y geométrica ilusión de las teologías, que todo lo saben, no yo. O Gabriel García Márquez, quien ha dicho: “Si Dios no hubiera descansado el domingo habría tenido tiempo de terminar el mundo”.
En todo caso, mejor que dependa de ti:
Cree en un Dios si te sirve para vivir.
O no creas en un Dios si te sirve para vivir.
A veces es más sencillo creer porque el universo asusta.
A veces es más complicado no creer porque el universo asusta.
Si crees en Dios, un Dios hecho a nuestra imagen y semejanza, que puede saberlo todo, hasta nuestros malos pensamientos, que está en todas partes, que entra en ti y te ilumina, te guía y te da fe; pídele serenidad y alegría para sobrevivir hasta que comparezcas ante su misericordia infinita.
Si no crees en Dios, si su omnipotencia y omnipresencia chocan contra tus neuronas y tu lógica, contra la ciencia y lo puramente objetivo, condénate a ser polvo sin remedio, cadáver sin resucitar, un absurdo que nadie redime.
Pero no te preocupes (igual sucederá con los otros).

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